UN VISTAZO A TRAVÉS DE UNA CAJA MÁGICA: El dragón, Rashômon y otros cuentos.


« Él había colocado a los diez reyes del averno y a todos sus subordinados en una pequeña esquina; el resto de la superficie, prácticamente el biombo entero, se hallaba envuelto en una tormenta de fuego tan terrible que podía pensarse que aquel torbellino de llamas fundiría la Montaña de los sables y el Bosque de las espadas.

  Aparte de las amplias vestiduras de estilo chino de los Jueces de las tinieblas, con sus ropajes color amarillo e índigo, todo lo que alcanzaba a la vista era el color abrasador de las llamas y, danzando salvajemente entre ellas, unas nubes de humo negro plasmadas con manchurrones de tinta china y jaspeadas de chispas de pan de oro, dispersándose como empujadas por el viento (…)»

El biombo del infierno


El biombo del infierno es, sin duda, una de las obras maestras que escribió Akutagawa en su extensa pero breve carrera literaria,  si bien no es la más conocida. Ese honor lo ostenta En la maleza de un bosque, inmortalizada por Akira Kurosawa, en su obra Rashômon, que toma nombre de otro de los cuentos de Akutagawa. Si bien, la atmosfera de la película se basa en el cuento del mismo nombre, el argumento y la trama son recogidos de En la maleza de un bosque.

La vida de Ryûnosuke Akutagawa (nacido como Ryûnosuke Niihara) estuvo marcada por la enfermedad. Nacido el 1 de marzo de 1892 en Tokio, fue el tercer hijo de Toshizô y Fuku Niihara, que ya contaban con dos hijas: Hatsu (fallecida en 1891) y Hisa. A los pocos meses de su nacimiento, su madre quedó recluida en casa por graves problemas mentales, por lo que el hermano mayor de ésta (Akutagawa Michiaki) y su mujer se hacen cargo del niño. Con ellos vive otra de las hermanas de Fuku, Fuki, con la que Akutagawa estuvo muy unido a lo largo de su vida. No es hasta dos años después  del fallecimiento de su madre, fallecida en 1902, que se hace oficial la adopción por parte de sus tíos. A esto hay que añadir que su padre mantuvo un idilio con otra de las hermanas de su madre,  unión que se formalizaría casi al mismo tiempo que la adopción y que ya contaba con un hijo en común, con el que Akutagawa nunca tuvo buena relación. Fue el mismo año de la muerte de su madre cuando, junto a otros compañeros de escuela, publica su primera revista literaria en la que colaboraba con sus textos e ilustraciones.
Akutagawa fue un alumno sobresaliente, aunque su salud siempre fue frágil. En el colegio fue constantemente objeto de las burlas y bromas de sus compañeros. Se inició en las lecturas en inglés, llevándole a especializarse en la universidad en Literatura inglesa. Fue en la universidad donde, junto a varios compañeros de clase fundó una nueva revista literaria, donde publica su primera narración seria, Rônen (Senectud), que continúa inédita tanto en lengua inglesa como española.
Desde entonces fue publicando en diferentes revistas académicas varios relatos, hasta que en 1916 aparece por primera vez  uno de sus relatos, Imo gayo (Gachas de boniato), en una revista de venta al público.
Akutagawa no se dedicaba exclusivamente a la literatura, debía realizar otros trabajos como profesor de inglés en La Escuela Naval y más tarde como corresponsal en el periódico Osaka Mainichi Shinbun.
Pese a su gran talento y la gran calidad de sus relatos, su obra no tuvo prácticamente repercusión (Rashômon había pasado sin pena ni gloria) hasta la publicación del cuento La nariz. Relato que impresionó a Sôseki y por cuyos elogios consiguió la atención que merecía desde hacía mucho.
Con los años su salud continuó siendo frágil y el fantasma de la locura de su madre le persiguió, obsesionándole. Su estado mental, su salud enfermiza y el insomnio hicieron que tomara tanto de tranquilizantes como barbitúricos y somníferos.
Y el 24 de julio de 1927, tras tomar una dosis masiva de Veronal (recetado para sus problemas de insomnio), Akutagawa durmió para no despertar. Tenía 35 años. A la mañana siguiente, su mujer encontró junto a la almohada sus últimas voluntades.
Sería en 1935 cuando, su gran amigo, el editor Kikuchi Kan creara el “Premio bianual Akutagawa” en memoria del escritor. Hoy en día dicho galardón continúa siendo el más anhelado por los escritores noveles japoneses. 

Las historias de Akutagawa  tuvieron una evolución muy clara. Las primeras se sucedían en escenarios de siglos pasados o atemporales, para después situarse en su propia época e incluso llegar al relato autobiográfico. En su obra tiene cabida tanto el folklore clásico como la modernidad del momento que le tocó vivir, tanto el drama como la comedia. Demuestra un gran conocimiento de occidente y del cristianismo, siendo un estudioso del mismo, aunque nunca fue creyente. Sus descripciones son inolvidables, intensas, que crean imágenes únicas. Combina el humor con la ironía y plasma el alma japonés de una forma sublime. Su escritura es delicada, poseedora de un lirismo excepcional y demuestra un dominio de la estructura narrativa inigualable.
Es curioso que, pese a ser considerado en Japón como el mayor cuentista de todos los tiempos, en occidente apenas hayan llegado sus obras; si bien ha sido traducido, son siempre los mismos relatos y algunos de ellos continúan aún inéditos. Afortunadamente algunas editoriales nos hacen llegar su obra, como Quaterni con la antología El Dragón, Rashômon y otros cuentos. El libro recoge la selección de relatos realizada por Jack Rubin, el mayor especialista en Akutagawa y su obra, respetando sus anotaciones pero con una traducción realizada directamente del japonés.

El volumen queda dividido en cuatro partes diferenciadas. La primera de ellas, Un mundo en decadencia, recoge seis relatos ambientados principalmente en el final de la Era Heian (794-1185).

« Los pensamientos del sirviente siempre se bloqueaban en el mismo punto. Sin embargo, por mucho que se replanteara la situación una y otra vez el “Y si…” se quedaba siempre igual, en un simple “Y si…”.Porque aunque se convenciera a sí mismo de que debía encontrar una forma para salir de esa situación, carecía del coraje suficiente para aceptar la conclusión a la que siempre llegaba: “No hay más opción que convertirse en un ladrón, en un delincuente.”

Rashômon cuenta las andanzas de un criado que tras ser despedido de su trabajo se encuentra en la encrucijada de no saber que hacer: el único camino  para sobrevivir que ve factible es la delincuencia.
Basado en un cuento del S XII, Akutagawa utiliza la puerta Rashomôn, donde se refugia el protagonista, como símbolo de la decadencia de la época. La Era Heian fue una época de paz y abundancia, especialmente generosa con las artes. Pero hacia el final de este periodo el poder político se desplazó a manos de la clase guerrera y el declive de la corte imperial llevó a la decadencia de la capital (Heian-Kyo, actual Kyoto). Todo esto conllevó a un paso brutal de la paz a la intranquilidad. La puerta Rashômon, símbolo de la ciudad, no es más que un lugar abandonado, como los cadáveres que dejan allí, al igual que la ciudad –en otro tiempo espléndida–  ahora sumida en el más triste de los ocasos.
  
« Empalideciendo de ira, él desenvainó su enorme espada y sin pronunciar una palabra se me arrojó, lleno de furia. No hace falta que les cuente el desenlace del duelo. Mi espada perforó su pecho en la vigesimotercera estocada. Todavía me cuesta trabajo creerlo y me siento admirado por ello. Es el único hombre bajo el cielo que ha aguantado más de veinte estocadas conmigo. »

En la maleza de un bosque es una de las obras icónicas de Akutagawa. El autor tomó como base un cuento del S XII, en el que el malhechor no tiene nombre, mientras que en esta versión se apropia del nombre de un célebre bandido medieval, Tajômaru.
En la maleza del bosque aparece el cadáver de un samurái. A través de diversos testimonios y confesiones, entre ellos el testimonio de la propia víctima, conocemos que ha sucedido.
Akutagawa utiliza hábilmente un efecto narrativo múltiple. Cada personaje cuenta su propia visión de los hechos y no es hasta conocerlos todos que sabemos realmente lo que ha pasado.

« En toda la zona de Ike-no-ô bastaba con mencionar la nariz de Zenchi Naigu para que todo el mundo supiera de qué se hablaba. Era una nariz con el mismo grosor desde su inicio hasta la punta. Se extendía a lo largo de quince centímetros, empezando sobre el labio superior y terminando por debajo de la barbilla. Parecía un embutido colgando del centro de su rostro. »

La nariz es la historia de Zenchi Naigu, un monje budista, poseedor de una enorme nariz cuyo tamaño le obsesiona. El desproporcionado tamaño de su apéndice nasal hace que sea motivo de constantes burlas. Por ello busca por todos los medios primera a alguien con una nariz como la suya y más tarde la forma de que ésta parezca más pequeña.
La maestría de la prosa de Akutagawa convierte la historia del complejo de un hombre, un monje más preocupado por la apariencias que por la espiritualidad que se le debería esperar, en una historia cómica y tremendamente divertida. Un relato que fascinó al mismísimo Natsume Kôseki.

« (…) Observando a la muchedumbre, acribillaba a su sobrino con un sinfín de comentarios diciendo: “Ese estanque tiene algo especial; al fin y al cabo es donde habita el dios-dragón. “(…)»

El dragón, basado en un cuento fantástico del S XIII, cuenta como el señor Uji Dainagon Takakuni desea escribir un libro de relatos. Al no conocer ninguno destacable, convoca a la gente para que le narren historias de épocas pasadas y así poder incluirlas en su libro. Uno de ellos, un viejo alfarero le cuenta la historia El dragón: un monje budista, con una nariz peculiar, decide tomar el pelo tanto a todos los monjes de Nara como a los habitantes de la ciudad por burlarse de su nariz. Por ello sitúa un cartel en el malecón del estanque diciendo: «En el tercer día del tercer mes, el dragón del estanque ascenderá a los cielos.» La noticia corre como la pólvora y llegado el día señalado una multitud de gente acude al estanque para presenciar el milagro mientras el monje trata de contener la risa.
Nuevamente el elemento de un defecto físico (la nariz nuevamente) es el detonante de la historia.

« Eso sucedió un día cualquiera. Cuando atravesaba la profundidad del bosque encontró una pequeña araña arrastrándose junto al borde del camino. En ese momento, Kandara tuvo el impulso de aplastarla con el pie, pero de pronto se detuvo diciendo para sí: “¡No, no! Por muy insignificante que sea esta araña tiene vida y no sería justo quitársela así, sin más.” Y de esta forma decidió dejar que siguiera viviendo. »

El hilo de la araña es un cuento intemporal. Kandara, un temible asesino y ladrón, es condenado al infierno. Buda, al recordad como una vez hubo bondad en el condenado al salvar una araña, decide darle una oportunidad y le hace llegar hilo de araña para que pueda trepar y escapar.
En El hilo de la araña encontramos a Buda observando los infiernos como si lo hiciera a través de una “caja mágica” (Nozoki Megane o nozoki Karakuri) y nos muestra los infiernos budistas que nos son tan desconocidos en occidente, en lo que profundizaría en el relato El biombo del Infierno.

Omura,Tetsuo(ed.);Jigoku to Gokuraku Imeeji toshite no Takai, Asahi Shinbunsha,Tokio, Junio de 2000,p.26 (Kokuho to Rekishi no Tabi:6).

« ”Cuando he pasado por el portón, ya entrada la noche“ decía uno ”podía oír a los moribundos del purgatorio suspirando y sollozando”. “Eso no es nada” saltó el otro. “Yo podía percibir el hedor de los cadáveres”. “¿Y qué me decís de los retratos de las damas de honor que su señoría encargó a Yoshihide? Todas esas mujeres que él retrató fueron enfermando y fallecieron, una detrás de otra, en un espacio de menos de tres años. Es como si él les hubiera robado el alma a cada una de ellas”. »

El biombo del infierno, basado en un clásico del S XIII mucho más sencillo, es una de las obras maestras de Akutagawa.
Narra como un señor feudal, el señor de Horikawa, encarga a Yoshihide, la elaboración de un biombo en el que queden representados los ocho infiernos budistas. Yoshihide es un pintor de gran talento pero de muy mala fama: soberbio, arrogante, avaro incluso perverso son adjetivos que se le pueden aplicar. Sus obras son fantasmagóricas y perturbadoras. Su única hija, a la que adora, es la dama de honor del señor de Horikawa. Para la elaboración de los diferentes infiernos no duda en usar todo tipo de métodos, llegando a la crueldad con sus ayudantes, al someterlos a terribles actos para conseguir los mejores bocetos que los ilustren.
La historia, una auténtica obra maestra, tiene un tono mesurado y la descripción de los infiernos es una de las más logradas que he leído nunca: tan precisa que puedes imaginar cada uno de los detalles, casi sentirlas como decía alguno de los personajes.  La historia es trágica, melodramática. Probablemente la mejor historia del autor.

Un mundo en decadencia, es probablemente la parte más conocida y leída del escritor.

La segunda parte, Bajo la espada, recoge tres relatos ambientados en el periodo Edo o Tokugawa (1603-1868). Tras el periodo Heian, el poder pasó a manos de los Tokugawa, que impusieron la paz y un nuevo sistema. La capital se estableció en Edo (Actual Tokio) y el Emperador pasó a ser una figura decorativa. Se constituyó un feudalismo centralizado. El arte floreciente pasó a ser una cultura de espionaje mutuo, trayendo la autocensura y la mentalidad de vigilancia constante. Fue en este periodo cuando surgió la figura del rônin, samurái sin señor, y cuando Japón se cerró al exterior.

«Tiene usted toda la razón”, repliqué, “sin embargo, mi negativa a realizar un examen del pulso a su hija está también motivada por otras razones. En los últimos tiempos muestra usted un comportamiento verdaderamente ofensivo. En particular, he oído que con frecuencia tiende a vilipendiar a las personas de nuestra villa incluso a mí también. Afirma que el culto de nuestras deidades y Budas constituyen herejía, y que estamos poseídos por el diablo. ¿Cómo puede pedir entonces a alguien como yo, poseído por los espíritus del mal, que cure a su hija de su grave enfermedad siendo usted una fiel devota de la senda de la rectitud?»

Memorándum del Doctor Ogata Ryôsai se sitúa en 1620, en la época en que los Tokugawa vigilaban a los cristianos por considerar que sus creencias eran ideas subversivas: el cristianismo, introducido por misioneros portugueses en el S XVI es visto como una amenaza, como la avanzadilla de la invasión extranjera.
Siguiendo las órdenes del gobierno, el Dr Ogata escribe un informe detallado sobre los miembros de la secta Kirishitan (cristianos). Shino, convertida al cristianismo, acude al doctor para que cure a su hija enferma de fiebre tifoidea. Pero el doctor se niega por el comportamiento que considera ofensivo de la mujer.  Le exige que renuncie a su fe para atender a la niña.
Akutagawa describe con certeza los fundamentos del cristianismo ya que lo había estudiado con detenimiento, considerando a Cristo como un poeta.

« Nuestro Señor nos concederá sin falta su divina protección. ¿No es, acaso, una prueba de su profundo amor hacia nosotros el hecho de que hayamos sido arrestados en la víspera de Navidad?»

O-Gin tiene lugar poco antes de la rebelión de Shimabara que marca el fin de la predicación, la prohibición del cristianismo y su paso a la clandestinidad.
Tras la muerte de sus padres, O-Gin es adoptada por un matrimonio cristiano. La muchacha se convierte al cristianismo. En nochebuena la familia es detenida y torturada para que abandonen su fe.
O-Gin, al igual que Memorándum del Doctor Ogata Ryôsai, muestra como la gente se encuentra entre sus creencias y la intransigencia del poder gubernamental. 

«Si obedezco a mi señor, la continuidad de la familia correrá peligro. Por el contrario, si tomo partido por la casa de Itakura, incurriré en desacato hacia los dictados de mi señor. Rin’emon también se vio atrapado antes en ese mismo dilema.
Aunque él tuvo el valor para actuar por el bien de la casa, relegando al amo… O más bien podría ser que desde que desde el principio el amo nunca significó gran cosa para él, y por eso le resultó fácil sacrificarle en aras del linaje. Pero para mí eso resulta imposible. »

Basado en un hecho real, Lealtad  narra la nueva idea introducida por los Tokugawa de la responsabilidad conjunta por la que familias, pueblos, gremios enteros eran castigados por las infracciones de unos cuantos.
El relato cuenta como Itakura Shuri sufre una crisis nerviosa cuando falta poco tiempo para que tenga que visitar de forma obligatoria al Shogun. Su consejero, Rin’emon, teme que en ese momento su señor tenga una crisis y provoque algún incidente violento que condene a toda la familia. Las relaciones entre ambos se deterioran ya que el consejero muestra su desacuerdo por su comportamiento. Esto le lleva a buscar un candidato a heredero en la familia, ya que Shuri no tiene hijos, para evitar el debacle de los Itakura. Cuando Shuri lo descubre lo manda matar, pero éste huye antes de que lo hagan junto a su familia. Será el mentor de Shuri, Tanaka Usaemon, quien ocupe el cargo de consejero oficial y, al igual que su predecesor, tenga que tomar una decisión: elegir entre su amo o el bien de la familia.
Al igual que en Memorándum del Doctor Ogata Ryôsai y O-Gin, los personajes se encuentran atrapados entre la lealtad a su señor  y la lealtad a la familia a la que su señor pertenece.

La tercera parte, Tragicomedia moderna, recoge tres narraciones ficticias situadas en el marco histórico del propio autor.

«Kashôji arrojó su sable al suelo y se aferró con firmeza al cuello de su caballo, pensando “Creo que me han cortado el cuello…” Pero no, quizás el pensamiento cruzó su mente tan solo después de empezar a sujetarse. Estaba seguro de que algo había impactado estruendosamente contra su garganta, en el mismo instante en que se agarró a las crines. »

Historia de un hombre al que se le cayó la cabeza se sitúa en la guerra chino-japonesa (1894-1895).
Narra la historia de Kashôji, un soldado chino, que cree que le han cortado la cabeza durante un enfrentamiento contra los japoneses. Pero, ¿le ha cortado la cabeza de verdad o es sólo su impresión?
Repleta de humor, Akutagawa nos presenta una historia inverosímil y muy original.

«Como la imagen de Santa Genoveva en el cuadro de Puvis de Chavannes, O-Kimi queda quieta durante un largo rato, observando los tejados alumbrados por la luz de la luna hasta que estornuda una vez, cierra entonces bruscamente la ventana y vuelve a su mesa. ¿Qué es lo que hizo hasta las seis de la tarde del día siguiente? Por desgracia, ni siquiera yo sé la respuesta. Y ustedes se preguntarán, ¿cómo es que el autor de la historia no lo sabe? Bueno (¡confiesa la verdad de una vez!): lo desconozco, pero debo terminar esto (este cuento), sin falta, esta misma noche. »

Puerros nos presenta a un escritor que debe escribir una historia en una sola noche para cumplir el plazo de entrega. La historia que redacta es sobre O-Kimi, una camarera que trabaja en un café de Jinbochô. O-Kimi está enamorada de Tanaka, al que idealiza.
Puerros es una historia satírica y divertida donde critica al arte y a sí mismo sin ningún reparo.

«Septiembre, día X- Hoy he vendido nuestra cama de matrimonio a una tienda de muebles de segunda mano. Recuerdo el día que la compré en una subasta que organizó un americano. A mi regreso de la subasta, camino de mi casa, iba yo bajo hilera de acacias en flor, por la colonia residencial japonesa. Las aguas del canal brillaban hermosamente. Pero… No, no es momento de hundirme en ese tipo de recuerdos… Anoche estuve a punto de darle una coz a Tsuneko mientras dormíamos…»

Patas de caballo cuenta la historia de Oshino Hanzaburô, una persona corriente, casado con una mujer corriente, que trabaja y vive en Pekín en una sucursal de Mitsubishi. Repentinamente muere de un derrame cerebral. Una vez en el más allá se encuentra en una oficina donde descubren que su muerte se debe a un error y la persona que debería estar ahí es otra. Cuando se disponen a solucionar el desaguisado, descubren que las piernas de Oshino están en mal estado. Por ello las sustituyen por las del último fallecido que ha llegado: un caballo. Y tras colocárselas, Oshino resucita en su ataúd. A partir de ese momento tratará por todos los medios que nadie descubra su secreto, sobre todo su mujer.
Es una obra divertida y demoledora, repleta de giros surrealistas a la altura del mismo Kafka. Akutagawa crea con este relato una parodia cómica de la expresión chino-japonesa para referirse a un desenmascaramiento vergonzoso: Bakyaku o arawasu, en referencia a un actor que representa el papel de caballo en un escenario y muestra sus piernas reales ante el público. En este caso, el protagonista se las ingenia para que ese no sea su caso.

Los tres cuentos contenidos en Tragicomedia moderna se caracterizan por su humor desmedido que te dejan con una sonrisa en los labios.


Ryûnosuke Akutagawa

La cuarta parte y última, La historia personal de Akutagawa, recoge seis de sus obras más autobiográficas donde reflexiona sobre su propia vida.

« ”De los libros, a la realidad”, era una verdad constante en la vida de Shinsuke. Amó a varias mujeres en su vida, pero ninguna de ellas le reveló la belleza femenina o al menos, no hubo ninguna que fuera capaz de hacérsela ver de esa forma que conoció por los libros: un rayo de sol luciendo por detrás del lóbulo de una oreja o la sombra de unas pestañas sobre las mejillas… Todo esto lo aprendió de Gautier, de Balzac, de Tolstoi. Gracias a ellos, las mujeres todavía podían transmitir belleza a Shinsuke. Sin esos escritores solamente habría descubierto a la “hembra”, no a la mujer…»

Daidôji Shinsuke, años de juventud está protagonizada por el alter ego del autor. Relata la versión más compleja de su propia infancia y de su época estudiantil.
Shinsuke crece acomplejado por haber sido criado con leche de vaca en lugar de leche materna, debido a la frágil salud de su madre. No es hasta que lee que Rómulo, fundador de Roma, había sido amamantado por una loba que comenzase a sentirse orgulloso de haber crecido con leche de vaca. Shinsuke hace un repaso de su visa, todo le deja recuerdos sombríos: el proceder de una familia modesta de clase media-baja que se esfuerza en aparentar, el no poder superar el tercer puesto de la clase por sus notas en deportes…
El relato se compone de los recuerdos de Shinsuke, los recuerdos de Akutagawa: la pasión despertada por los libros, su incapacidad por hacer amigos a menos que su inteligencia fuera evaluada previamente, su frágil salud… Una historia intimista.

«Aquel escrito para un discurso funerario, elaborado en menos de media hora, había provocado una impresionante reacción mientras que la historia en la que se había estado esforzando y después puliendo tantas y tantas noches a la luz de la lámpara, no había provocado ni una pizca del efecto que él esperaba. Tenía suficiente confianza en sí mismo como para reírse de la crítica del periodista N, pero no se encontraba en una  situación en la que pudiera permitirse la realidad. Sus discursos funcionaban, sus novelas fracasaban miserablemente: podría resultar gracioso para cualquiera menos para él. »

El oficio de escribir se centra en un periodo de su vida en que ya es adulto y ya se dedica a la escritura. Está protagonizada por otro de sus alter ego, Horikawa Yasukichi.
Horikawa, que trabaja como profesor de inglés en la Escuela Superior de Ingeniería Naval aunque también es escritor, recibe el encargo de escribir un discurso fúnebre para el funeral del teniente Honda. Al no conocer al teniente, Horikawa debe improvisar a través de lo leído en el curriculum del fallecido. Cuando leen el discurso, todos se emocionan. Cuando ya regresa a casa, lee la crítica que han realizado en un periódico, de su último relato. Dicha crítica no es muy positiva.
El relato muestra los sinsabores del mundo editorial y la proliferación de críticos. Hay que recordar que sus relatos basados en narraciones clásicas fueron muy criticadas en su momento, algo que choca al estar entre ellas, entre otras muy destacables, El biombo del infierno.

«Ya era de noche cuando salí de casa mientras caía una llovizna. Según cruzaba el portón me di cuenta de que llevaba puestos los zuecos de tiempo seco, no los de agua que había pedido a la asistenta. Para empeorarlo aún más advertí que el izquierdo tenía suelta la correa por el sitio donde se sujetan los dedos. No pude evitar sentir el temor de que si la correa se rompía se extinguiría también la vida de mi hijo (…)»

La enfermedad del niño se basa en la enfermedad que aquejó a su hijo Takashi y que le tuvo ingresado en el hospital más de diez días.
El relato cuenta la enfermedad del hijo pequeño del narrador, tan sólo un bebé. Su estado empeora a cada momento y tiene que ser ingresado en el hospital.
El relato nos muestra la angustia de unos padres y la superstición que impera en el ánimo del progenitor: todo lo que sucede es para él un mal augurio relacionado con la salud de su hijo.

«Mi tía cuenta invariablemente esta historia cuando la conversación gira en torno a Hatsu. Y además, es al parecer la única anécdota que puede referirse sobre ella. Es posible que, no muchos días más tarde, la pequeña Hatsu estuviera ya descansando en un ataúd. No recuerdo su nombre póstumo, grabado en la pequeña tablilla mortuoria pero, curiosamente, sí de forma clara, que la fecha de su muerte fue el 5 de abril. »

Crónicas de difuntos es una triste mirada atrás, a su madre, a la hermana que nunca conoció y al padre que tuvo que dejarle siendo niño.
El relato hace un repaso de la muerte de tres personas cercanas a Akutagawa. Su madre, demente, nunca pudo hacerse cargo de él, pero aun así recuerda con todo detalle su muerte y su entierro: como la acompañó en su lecho de muerte junto a su hermana, como ésta llevó la tablilla funeraria durante el sepelio mientras él llevaba el incensario. Hatsu, la primogénita, a la que nunca conoció a la que todos recuerdan como una niña muy inteligente a la que, sin saber la razón, se siente muy cercano. Y su padre, que tuvo que renunciar a él al perder la razón su mujer, y que intentó recuperarlo.
Es un relato triste y emotivo. El repaso de la relación con sus padres, la reconstrucción de la breve vida de su hermana con los retazos de lo contado, como no volvió con su padre por el cariño y apego a su tía Fuki, los sentimientos de su padre hacia él… Un relato íntimo y sobrecogedor.

«En aquella segunda planta de la casa en las afueras, se cuestionó muchas veces si la gente que se ama ha de causarse también mutuo sufrimiento. »

Vida de un necio es un compendio de pequeños relatos autobiográficos sobre su vida.
El cuento se inicia cuando Akutagawa hace llegar a su amigo Masao Kume un manuscrito. En él repasa su vida: el amor hacia los libros, su madre, su tía, sus amigos del mundo literario, Sôseki, su familia, el descubrimiento de la poesía que hay en la pintura, el nacimiento de su hijo, el suicidio de su cuñado, el cómo se reprocha el ser un mal padre, un mal esposo, un mal hijo y un mal padre, la locura y su obsesión con ella…
Los pequeños relatos son pequeñas anécdotas escritas en tono poético. Anécdotas en torno a su vida y sus obsesiones.

«Al mismo tiempo, me di cuenta de que algo extraño había entrado en mi campo de visión… ¿Algo extraño? Pues sí, eran unos engranajes translúcidos que no paraban de girar. Ya había tenido frecuentemente en el pasado esta misma experiencia y siempre acababa pasando lo mismo: los engranajes se multiplicaban en número hasta que bloqueaban mi campo de visión. Pero esto duraba solamente unos pocos minutos, y después pasaba a ocupar su lugar un persistente dolor de cabeza. Debido a esta ilusión óptica, consulté a un especialista que me recomendó dejar de fumar por si esa era la causa. Sin embargo, yo había comenzado a ver esos engranajes antes de cumplir los veinte años; es decir, mucho antes de empezar a fumar. »

Engranajes es otra de las obras del autor que pueden ser consideradas obras maestras.
El relato se inicia con el viaje de Akutagawa a Tokyo para asistir la boda de un conocido. En su viajes se acumulan los malos presagios: la persona con la que comparte el taxi para ir a la estación del tren le cuenta una historia sobre la aparición de un fantasma; al llegar a su destino, mientras habla con un conocido, un hombre con una gabardina, impropia para esa época del año, se sienta junto a ellos para luego desaparecer; gabardina que vuelve a aparecer en el hotel, después de la boda, abandonada en una butaca. Al regresar a la habitación tiene un mal presentimiento y mientras intenta escribir recibe la llamada de su sobrina, informando de la muerte de su padre, atropellado por un tren. En el momento de su muerte vestía una gabardina.
La historia se centra en el suicidio de su cuñado, acusado de provocar el incendio de su casa para cobrar un sustancioso seguro. En él encontramos nuevos signos de superstición y malos augurios, la historia del fantasma, la gabardina,el color del taxi que va a coger… El relato contiene sus obsesiones, la locura de su madre que cree haber heredado y su insomnio.

Tanto Vida de un necio como Engranajes son relatos que no vieron la luz hasta después de la muerte de Akutagawa. Los relatos recogidos en La historia de Akutagawa son personales, íntimos, melancólicos y reflejan el estado mental en que se encontraba en sus últimos años. En ellos se nos revelan la influencia que tuvo en su obra grandes escritores occidentales como Tolstoi, Dostoievski, Balzac o Baudelaire. Para muchos críticos estos relatos son lo mejor del escritor a nivel literario y para otros es la prueba de su declive personal.

La obra de Akutagawa es muy variada, escribió novelas, relatos, artículos, haikus… y la temática heterogénea. Pero en toda su obra se aprecia la exquisitez de su prosa y con un lenguaje muy rico, y en ella quedan plasmadas, no sólo sus obsesiones y miedos, sino también sus pasiones.
En 2012 se conmemoró el centésimo vigésimo aniversario de su nacimiento y ese mismo año Quaterni publicó este volumen. En él se incluye una completa biografía y una introducción muy destacables, que nos acerca a Akutagawa y a su obra. El Dragón, Rashômon y otros cuentos es un paseo por la vida y el alma de Akutagawa, y una muestra de su enorme talento. 







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